Caída del PIB en España: la manipulación de los datos

La caída del PIB está dejándonos unas cifras realmente preocupantes. Pero si no tratasen de engañarnos, nos preocuparíamos aun más.

Las crisis provocadas por incidentes internacionales, como la de Lehman Brothers en 2008, o esta del coronavirus, afectan a todos los países, sí, pero por una extraña coincidencia, siempre impactan más en la economía española que en otras de su entorno.

Pero atendiendo al gráfico que publicó la radiotelevisión pública española ayer, no lo estamos haciendo tan mal. Está claro y a la vista, que otras economías europeas, incluso más poderosas que España, se están pegando un batacazo mayor. Y España está más o menos alineada con Alemania. Fijaros en las dimensiones de las barras azules y verdes (Francia e Italia) con respecto a las naranjas (España).

Seguramente piensan (y posiblemente sea verdad) que la gran mayoría de los que van a recibir esa información somos imbéciles y no nos vamos a dar cuenta del engaño: las escalas están cambiadas.

Hoy, RTVE ha corregido ese twit y ha pedido disculpas (cuando ya nadie lo va a ver). Al igualar las escalas de los cuatro gráficos, la cosa cambia.

 

Podríamos pensar que le han dejado hacer el gráfico al becario de verano, pero me temo que es algo intencionado, para echar una mano al gobierno disimulando la hecatombe de las cifras. Mirad este gráfico, también con variación de escala de la periodista del telediario de la 1, Ana Blanco, en el que una caida de un 18,5 es solo un poquito más grave que la caida del 2009 (un 2,6%).

La manera correcta de representar la caída del PIB en España, y la más clara, es esta. ¿Os acordáis de lo mal que lo pasamos entre 2008 y 2013? Pues mirad la dimensión del bache de 2009 y el de ahora.

Esta caída es similar a la que se produjo en España durante la Guerra Civil. Esperemos que repunte pronto, aunque no va a volver a los niveles anteriores con toda seguridad. Durante la posguerra la ciudadanía lo pasó muy mal, y durante los próximos meses lo pasaremos muy mal también.Pero ahora, disfrutemos del verano, que ya lloraremos más tarde.

  • La izquierda quiere ganar la batalla del lenguaje. Explico de dónde viene y adónde va un termino añejo que ha vuelto para quedarse.
    Después del debate de los candidatos a la presidencia del Gobierno y los posteriores comentarios sobre los dos bloques, después también de los últimos mítines en los que la izquierda ahonda en unir a las “tres derechas” como si fueran una sola y apelar al voto del miedo al fascismo, después de que Pedro Sánchez intentara sacar rédito de la exhumación de Franco, la palabra “facha”, que en los últimos meses, ha vuelto al vocabulario de la calle, se expande para señalar todo aquello que no se corresponde con el ideario socialista.
    «Facha» deriva de la pronunciación de las italianas «fascio» y «fascista». El origen no está en el uso que el fascismo pudiera darle en su publicística, sino justamente al contrario: en la propaganda comunista. El término era útil: era posible vincular el concepto político con la cercanía a la definición popular de «facha» como alguien con mal aspecto, un «mamarracho, adefesio», dice el diccionario de la RAE, y como sinónimo despectivo de «fascista», entendida como persona de «ideología política reaccionaria».

    Esta última acepción admitida por nuestra Academia presupone el fascismo como reacción frente al resto de ideologías, incluido el comunismo y el nacionalismo. El fascismo sería así contrario al devenir de la Historia, su progreso, ante la bonhomía del resto, que no tienen esa descalificación. Por ejemplo, «estalinismo» es definido por la RAE simplemente como «régimen comunista totalitario impuesto por Stalin en la Unión Soviética en el siglo XX». No hay valoraciones sobre su carácter dañino para los derechos humanos y, en consecuencia, como intrínsecamente reaccionario, ni siquiera hay una mención a su actitud antidemocrática, como sí hace con la definición de «fascismo».

    En esta conclusión que afecta al lenguaje y, como explicó Kant, a la construcción mental de la realidad, han concurrido dos circunstancias. La primera es la victoria de una Filosofía de la Historia en la que la idea de progreso está marcada por el cumplimiento de las aspiraciones de la izquierda. No en vano el concepto «progresista» es propiedad retórica de las distintas versiones del socialismo, desde la socialdemocracia hasta el comunismo. El «avance» de la Humanidad solo tiene una dirección, y es la marcada por los izquierdistas. De hecho, desde 1945 el centro político –el cinco en la escala de uno a diez–, se ha ido desplazando hacia los postulados socialistas.

    Los voceros del leninismo
    La segunda razón, muy vinculada a lo anterior, es la eficaz propaganda comunista desarrollada desde la década de 1920, y retomada por la Nueva Izquierda desde 1968. Willi Münzenberg (1889-1940) puso en marcha desde 1921 un plan para que los intelectuales occidentales se convirtieran en los voceros del leninismo. Compró o convenció a muchos escritores y periodistas, profesores y filósofos, que se dedicaron a mentir sobre la URSS, a vender supuestos logros y ocultar la miseria y el crimen. El lenguaje era la clave para conseguir adeptos, forjar nuevas generaciones de comunistas y ganar la hegemonía cultural, como señalaron Max Adler y Antonio Gramsci. Desde ese momento, todo aquel que no simpatizara con el comunismo era considerado «fascista». Incluso George Orwell escribió en 1944 que esa aplicación general vaciaba de sentido el concepto, lo que llevaba a usarlo como simple «palabrota». Sí, pero una palabrota con sentido político que blanqueaba el comunismo, el cual carece en nuestro idioma de sustantivo peyorativo.

    La irrupción de los populismos de derechas –que no los de izquierdas– ha resucitado la palabra «fascista», a pesar de la incorrección intelectual de calificar con una terminología exclusiva de la década de 1930 a movimientos del siglo XXI, como ha señalado Stanley Paine, o se puede leer en el clásico de Robert O. Paxton «Anatomía del fascismo».

    Esa superficialidad del discurso actual, que tiene una intencionalidad, no solo está en las palabras de partidos de izquierdas y de medios de comunicación, sino que se ha visto reflejada en la aparición de títulos sorprendentes. Uno de ellos es «Fascismo. Una advertencia», de Madeleine Albright, otrora mandataria respetable, o el interesante «Antifa. El manual antifascista», de Mark Bray, donde se identifica como fascista prácticamente a todo aquel que se opone a la utopía izquierdista o que denuncia su hegemonía cultural.

    La victoria de Donald Trump ha sido determinante para la resurrección del término «fascista». El estudio más serio tiene en España un título significativo: «Facha. Cómo funciona el fascismo y cómo ha entrado en tu vida» (2019), del norteamericano Jason Stanley. Ahora bien, la conclusión es paradójica y contradictoria, hasta el punto que parece que sin querer define a la izquierda: el facha adquiere peso social gracias a la propaganda sobre la historia, la sexualidad y la libertad de expresión, a la mitificación de episodios históricos y personas, a la identidad colectiva, al uso de la educación y del lenguaje, a la visión de la sociedad dividida entre los de arriba y los de abajo.

    El facha, dice Stanley, se enmascara en crítico de lo políticamente correcto. Es muy posible que Jean-François Revel, tras reírse de tal simpleza, hubiera recordado el mal que hacen a la democracia los intelectuales que sacrifican la realidad a la ideología.

    “Alerta antifascista”
    Pablo Iglesias pronunció una «alerta antifascista» cuando la izquierda perdió las elecciones andaluzas de diciembre de 2018. Sus seguidores, junto a los socialistas, rodearon el Parlamento andaluz y tomaron las calles. Los otros eran «fachas». No hubo un repudio general a esa actitud autoritaria por la tolerancia hacia esas maniobras si proceden de la izquierda, y a que el término ha pasado al lenguaje corriente y al imaginario colectivo para todo aquello contrario al ideal socialista. Así, «fachas» son los Reyes Católicos o el almirante Cervera –según Ada Colau, o los tres partidos del centro-derecha, a los que se califica de «trifachitos», como hicieron Susana Díaz y la ministra Dolores Delgado –quien añadió «trifálico»–. Además, es calificado como propio de «fachas» el uso de los símbolos nacionales como la bandera, o incluso la aplicación de la Constitución para el mantenimiento de la unidad de España cuando hay un golpe separatista.

    En definitiva, ahora mismo, en los tiempos que vivimos el término Facha se relaciona con lo que no simpatiza con la izquierda o socialcomunismo. Allá cada uno con su cultura y con la utilización de los conceptos. Pero el fascismo se da tanto para un lado como para el otro.

  • @ Cooper:

    ¿Algo más que añadir a lo que opina Jorge Vilches, columnista de la razón?.

  • Algo que comentar?
    No le gustó la fuente de información?

  • Pues eso Cooper, que eres un facha. Y yo otro. Vivan los fachas. Al final vamos a llevar camisetas con un «yo soy facha». Se les está yendo la mano y al final facha se va a ver cómo algo positivo. Entonces dejarán de usarlo.

  • @ Cooper:

    Estimado, si pones el enlace, te ahorras la parrafada. En cuanto a la fuente de información es una columna de opinión y todas las opiniones, por definición de opinión son opinables.

    Ahora bien, si lo que quiere es discutir, tendrá que buscarse a otro, siento no poder ayudarle en esto.

  • lamentira dijo:

    Pues eso Cooper, que eres un facha. Y yo otro. Vivan los fachas. Al final vamos a llevar camisetas con un «yo soy facha». Se les está yendo la mano y al final facha se va a ver cómo algo positivo. Entonces dejarán de usarlo.

    Francamente, esperaba algo más. Pero si a esto es a lo que nos vamos a remitir, creo que estamos tocando el fondo.

  • EL FACHA DE SCHRÖDINGER.

    No, tranquilidad, no es que esté llamando facha al bueno de Erwin, en la frase el término actúa de sustantivo, no adjetivo; y en calidad de sujeto. Y sobre este curioso sujeto quería hablarles: el facha de Schrödinger, que es facha y no lo es a un tiempo.

    En principio, el facha de Schrödinger negará su condición de facha a toda costa. Es más, lo precisa, necesita exhibir su condición de no-facha de forma irresistible. Pero como nadie le va a recriminar su fachismo si no dice una fachasada, el facha de Schrödinger se ve impelido a hacer declaraciones no-fachas, pero de modo que parezcan un poco fachas, con la esperanza de que haya por las inmediaciones un comunista bolivariano bilduetarra narcochavista (de esos a los que tanto les gusta poner etiquetas a la gente) y le clave la de facha.

    Pero esto no siempre es posible, y eso es muy frustrante para el facha de Schrödinger, porque su trabajo les cuesta serlo, estos especímenes son tan parecidos unos a otros que no puede ser casualidad, todas las mañanas tienen que entrenar al menos una hora frente al espejo a lo Robert de Niro en Taxi Driver para adquirir tal dominio de la técnica:

    -¿Me lo dices a mí?
    -¿Me has llamado facha, muchacho?
    -Porque yo por aquí no veo a nadie más…
    -Tú… Me has llamado facha… ¿A mí…?

    Pero resulta que a veces, ni en las redes sociales donde tiene su hábitat esta criatura, encuentra una presa que pique el anzuelo y le llame facha, para poder exhibir su indignación por ser llamado facha. Entonces esta criatura parece enloquecer, y lo mismo que una bestia atrapada en un cepo o desesperada por el hambre puede empezar a devorarse a sí misma, así esta bestezuela, si nadie la llama facha, no puede contener el impulso irrefrenable de escuchar esa palabra, aunque tenga que llamárselo ella misma.

    Y es así como este llamativo espécimen, el facha de Schrödinger, pasa de ser un no-facha a ser ya no un facha, sino muy, muy facha, y a presumir y alardear de lo orgulloso que se siente de serlo. Ah, y eso los vivos, que no os perdáis lo que sucede cuando el facha de Schrödinger muere; cuando esto ocurre, esta curiosa criatura puede ser un facha-facha y un socialista a un tiempo. Sino mirad lo que sucede con el camarada Jose Antonio Primo de Rivera por la gracia de Dios.

  • Profunda reflexión Spoiler-man. Cuánto saber desaprovechado.

  • @ lamentira:

    Sinceramente, deberíamos aspirar a mantener un diálogo con algo más de sustancia. Si no quieres dar tu brazo a torcer con que el tarugo ha vuelto a meter la pata intentando inútilmente teñir de demócrata a Jose Antonio , de acuerdo. Pero al menos podemos elegir entre mantener un mínimo de elegancia y de estilo o simplemente no hacerlo y buscarnos la yugular sin más excusas.

  • @ lamentira:

    Usted sabrá si es facha, pero yo no veo en usted ningun activismo para que un partido único asuma el poder absoluto (que no sé si milita usted en alguno).

  • Amoave… Pero este hilo no iba de RTVE? No iba de manipulación informativa? O me he perdido algo o no acabo de entender el giro reivindicativo del fascismo que, por rimarlo en el asunto, poco tiene que presumir de transparencia informativa.

    Spoilerman, muy fino lo suyo


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