El SN9 tampoco pudo completar el test

Hace unos minutos SpaceX realizó una nueva prueba con un prototipo de Starship, la nave que nos llevará a Marte. Pero esta vez tampoco pudo con el aterrizaje.

Era el segundo intento en el que una nave Starship realizaba un salto de 10 km. El objetivo: probar los motores, la maniobra belly-flop, el control de la caída libre, y la maniobra final de aterrizaje )el «suicide dive»).

Como en la vez anterior, todo fue bien hasta el aterrizaje. Con sorprendente precisión, la nave se colocó a unos 400 metros sobre la plataforma de aterrizaje, y encendió los motores. La vez pasada el fallo estuvo en la baja presión del tanque de cabecera de metano. Eso provocó que la mezcla fuese más alta en oxígeno de lo que debería y la temperatura de combustión aumentó, derritiendo los componentes internos de uno de los motores.

En el SN9, el fallo se debió a que uno de los dos motores necesarios para frenar la velocidad de caída de la nave no llegó a entrar en ignición. En el momento de publicar este post, ni SpaceX ni Elon Musk ha comunicado la razón del fallo, pero quizá en esta ocasión la causa sea un fallo de la presión del tanque de cabecera de oxígeno líquido.

Aun así, se puede considerar la prueba como un éxito. Parece que el despegue y el control de vuelo está perfectamente controlado por la agencia espacial. Solo queda por controlar la maniobra de aterrizaje, que se está resistiendo.

La complejidad es alta. Los tanques de cabecera de la nave son pequeños, y tienen justo el combustible para alimentar dos motores durante solo unos segundos. Esa es la razón por la que la maniobra del flip final antes del aterrizaje se hace en el último momento. Adicionalmente, el encendido de los motores se hace desde una posición horizontal, cuando los tanques principales están ya prácticamente vacíos. Por eso hay que reservar dos tanques adicionales, situados en una posición más elevada para que tanto el metano como el oxígeno líquido lleguen con presión a los motores.

Hay que tener paciencia. Recordemos que el primer lanzamiento exitoso de la empresa, el del Falcon 1, fue en el cuarto intento. Por cierto, en aquel momento la situación financiera era crítica, ya que de haber fallado habría provocado que la empresa hubiese tenido que cerrar por la ruina de Elon Musk, que no tenía dinero para un quinto intento.

Algo parecido ocurrió con el aterrizaje de la fase propulsora de los Falcon 9. Necesitaron 6 intentos hasta conseguir aterrizarlo con éxito.

Así que demos un poco de tiempo a los ingenieros de SpaceX,  para que rediseñen los componentes de la nave y corregir estos fallos. Lo conseguirán. Seguro.

Mientras, os dejo con la prueba completa para que disfrutéis.

 

 

  • Hay que aplaudir y alentar las iniciativas y esfuerzos de la ciencia, la técnica y la ingeniería para llevarnos siempre un paso más allá.

    Por imperativo de la coyuntura actual se ha realizado una enorme tarea mundial (que yo juzgo más que razonablemente exitosa) para desarrollar armas (vacunas sobretodo) con las que atajar la amenaza y los estragos de una enfermedad nueva que nos ha acogotado de repente. Con todos los problemas y «peros» añadidos con los que aún lidiamos al respecto, creo que la manera de haberse volcado en afrontarlo no tiene precedentes. Y algo de positivo dice eso del progreso de la humanidad.

    Aunque, claro: Con una vacuna recién inventada y salida de fábrica también han salido los recelos aquellos de «no querer ser el primero en ponérsela», antes de que se vaya viendo que funciona de verdad.

    (Si acaso, se me ocurre añadir así entre paréntesis, quizá todos esos pícaros que se han saltado el turno para ponérsela primero acaben siendo un factor como de «publicidad positiva» contra recelosos y, no sé hasta qué punto, negacionistas más obtusos).

    Ir a Marte (que está aquí al lado pero aún así ni comparación con la Luna) es un primer «próximo paso» largamente anhelado y vaticinado en la exploración y conquista de lo que no deja de ser, en según qué medida, «nuestro entorno más inmediato». Me atrevo a imaginar que cuando Carl Sagan, en su serie «Cosmos», les decía a los chavales más jóvenes que «eso ocurriría y lo verían durante sus vidas», incluso aún confiaba en llegar a verlo él mismo. Por eso me llena siempre de expectación cualquier intención manifiesta de emprender y culminar ese proyecto. Como que ya iría tocando, en bien de todas esas expectativas que parece que llevan décadas postergándose, y del progreso y avance de la humanidad en general.

    Aunque, claro: Visto lo visto, a ver si va a pasar como con las vacunas. Que digan: «Pues ya está, ya no falla y sube y aterriza bien». Pero que a ver quién es el guapo que se monta primero en el cacharro, así como diciendo: «Sí, sí, pero eso es sin salir de aquí. Yo no me subo como no vea primero que con eso se llega bien hasta allá».

    ¡Bueh! Es un decir. Seguro que para algo así no faltarán voluntarios cuando llegue el día… Seguro que no faltarían ya hoy si fuera a ser mañana mismo.

    (No, pero a mí no me miren, que eso tiene que ser gente joven y sana. Que de seguro que en el cohete no se podrá ni fumar).

    En fin, que hacía días que no ponía yo nada aquí y hoy, viendo este Post aún virgen, me ha salido ésto…

    Buenas noches.

  • Ni la menor duda de que se conseguirá, cuestión de los dos factores que lastran todo reto en la aventura espacial del homo sapiens, tiempo u recursos. Del primero andamos sobrados, ahora mismo nadie compite con nadie por proyectar ante el mundo un sistema ideológico u otro, del segundo, bueno, quizá el problema resida en el hecho de que estemos ante un proyecto privado que puede no verse alimentado por el apoyo presupuestario de toda una potencia.


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