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  • Ecos de Callejón

    Lecciones de Historia: De como nos forramos con el Glorioso Alzamiento Nazional y de cómo nos llevamos la pasta a sacos a Suiza

    Post scriptum:

    Saludos.

    Tal como nos apunta un colega que acaba de echarle un vistazo a lo narrado, lo añadimos para que quede constancia de ello y se complete.

    Al finalizar la Guerra Civil, Franco decidió mantener a su disposición una gran fortuna para la época: 34 millones de pesetas de donativos realizados para sostener el esfuerzo bélico, la reconstrucción o ayudas a los damnificados.

    El valor de estos fondos se correspondería hoy, al menos, con 388 millones de euros. Buena parte de ese dinero, 23 millones de pesetas, todavía estaba en las cuentas bancarias hasta que se les pierde la pista a finales de 1959.

    Lo único que se ha podido reconstruir posteriormente a esa fecha, es el destino final de la principal de todas las cuentas, la 70.713 del Banco de España, que llegó a tener 17 millones de pesetas en 1940 prácticamente al finalizar la guerra, y su contabilidad aún existe en el archivo del Banco de España.

    En el último apunte que puede consultarse aparece un saldo de sólo 60.013 pesetas en 1965. El final de esta cuenta es especialmente curioso, ya que dos meses después de la muerte de Franco, esa cuenta, que estaba denominada como “Donativos a disposición de S.E. el Jefe del Estado” fue puesta a nombre del recién coronado rey Juan Carlos.

    ¿Y el resto de la pasta?…

    Nada se sabe hasta el momento del destino de los saldos que existían en el resto de cuentas. Sólo existe copia de algunos de los resúmenes trimestrales realizados por el secretario personal del Generalísimo entre 1940 y 1959. Según estos papeles, los 34 millones de pesetas que existían al finalizar la guerra descendieron hasta quedar en 22,8 millones al final de 1950.

    No se conoce el paradero de la diferencia. ¿Suiza otra vez?

    El caso es que al finalizar la guerra, el Estado estableció que todos los donativos y suscripciones populares realizados durante la Guerra Civil se integrarían en el Tesoro Público a través de una Junta Liquidadora. Sin embargo, esto no se cumplió en el caso de la fortuna que quedó en las cuentas de donativos que estaban a disposición de Franco.

    Otras cuentas que provenían del entorno de Franco, fueron vaciadas antes de su muerte. Así por ejemplo, la cuenta de la Casa Civil de Franco tenía un saldo de 12,8 millones de pesetas en mayo de 1975, seis meses antes de su muerte.

    En junio, con Franco ya muy enfermo la cuenta se quedó a cero.

    Además de Franco, su mujer, Carmen Polo, también manejó una cuenta destinada a donativos, aunque con un saldo mucho menor. Al finalizar la guerra todavía recibía aportaciones, ya que en agosto de 1939 el cardenal arzobispo de Toledo donó 10.000 pesetas de la época a la esposa del dictador.

    Después de terminar la Guerra Civil, Franco decidió hacerse con una enorme finca en la localidad madrileña de Valdefuentes. Se trata de un terreno de unos diez millones de metros cuadrados que hoy se encuentra en manos de sus herederos. La inversión no fue pequeña, ya que entre la compra de las parcelas y las construcciones y maquinaria de la finca, Franco se gastó en ella 13,4 millones de pesetas, una cantidad cuya procedencia no hay modo de explicar.

    Ya ves tú que cosas que pasan…

  • Ecos de Callejón

    Lecciones de Historia: De como nos forramos con el Glorioso Alzamiento Nazional y de cómo nos llevamos la pasta a sacos a Suiza

    Epílogo:

    Nuestra Cruzada es la única lucha en la que los ricos que fueron a la guerra salieron más ricos (Francisco Franco)

    Ya lo decía el abuelo Paco en agosto de 1942 y no le faltaba razón, porque los mismos apellidos, las mismas familias que durante la guerra y la dictadura consiguieron su parte del botín, tras la muerte del dictador se colocaron en grandes empresas del panorama nacional.

    Al comienzo de la democracia muchos de los últimos ministros de Franco pasaron a ocupar puestos de responsabilidad en Endesa, La Caixa, Telefónica o Iberdrola, y muchos otros siguieron formando parte del ámbito político o de la justicia.

    Ahora llamamos puertas giratorias a algo que estaba naturalmente establecido de un modo natural en aquellos tiempos.

    Todavía hoy, los herederos de estas familias detentan muchas de las grandes fortunas del estado, aquí y en Suiza. Son caras nuevas con apellidos viejos, todos ellos incardinados en, y beneficiados por, las políticas falangistas. Y que aprovecharon la postguerra, y sobre todo los inicios de la democracia, para levantar sus patrimonios, y a día de hoy, todavía continúan manejando los hilos de la economía española.

    Apellidos como Banús, March, Koplowitz, Fierro, Fenosa, Coca, Melià…

    En la actualidad son algunas de las familias más ricas e influyentes de este país. Rodolfo Martín Villa, José Vilarasau Salat, Antonio Barrera de Irimo o Demetrio Carceller, que amasaron sus fortunas al lado del “generalísimo” aprovecharon la democracia para preservar sus intereses hasta hoy mismo. El Franquismo no se va, tan solo se transforma y se adapta a las nuevas circunstancias.

    Cuenta Ángel Viñas en “La otra cara del caudillo” cómo durante su mandato omnipotente, el dictador estuvo filtrando donaciones para lo que él denominaba “la causa nacional” y que en realidad destinaba para su interés propio. Por ejemplo, Brasil donó 600 toneladas de café… que el caudillo revendió para su bolsillo.

    Existe (y está suficientemente investigada) sobrada evidencia de cómo la riqueza del caudillo (que en el año 1940 ya se había apropiado de una inmensa fortuna: 34 millones de pesetas de la época), se sostenía a base de algo más que su sueldo público (que rondaba las 2.500 pesetas mensuales, más las 50.000 como Jefe de Estado según los datos de 1935).

    Durante la dictadura, Franco recibió “dividendos” de las empresas como forma de agradecimiento “por autorizaciones concedidas” (el caso es que en el código de justicia esto tiene nombre…) Poco más se sabe de la procedencia de del dinero que ingresaba alegremente el dictador, porque entre otras cosas, hay muy pocos datos conservados en los archivos (¡que casualidad!), pero lo poco que se conoce evidencia que la corrupción estuvo normalizada entre los políticos y empresarios del régimen, en la época franquista. Algo que es más fácil de comprobar es la larga lista de empresarios relacionados con casos indebidos o poco legales dentro del mundo empresarial de los inicios del franquismo.

    Un ejemplo: el banquero Juan March, que apoyó financieramente el golpe de Estado de julio de 1936 y a cambio, Franco le concedió el monopolio bancario y financiero del país, algo que hizo que su fortuna creciera de manera muy notable durante el franquismo. El historiador Arthur Dixon, en “Señor monopolio. La asombrosa vida de Juan March”, también cuenta el mayor acto de piratería financiera del que se tenga memoria: una inmensa fortuna a través del contrabando de tabaco.

    En la actualidad, el apellido March sigue estando presente en grandes consejos de administración como los de las empresas ACS, Acerinox o Prosegur.

    Banús, otro que tal, también hay que relacionarlo con casos de corrupción durante la época franquista, para beneficio propio. Juan y José Banús, dueños de la inmobiliaria más poderosa del franquismo, construyeron mucho durante la dictadura, entre otras cosas, el Valle de los Caídos. Está documentado que las empresas que participaron en la construcción del Valle de los caídos, entre las que se encontraba la constructora de los hermanos Banús que utilizaron a presos republicanos a los que pagaban mucho menos que a un trabajador normal y esa diferencia de dinero se la quedaban para ellos. El legado millonario de la promotora quedó en manos de los hijos de Juan y casualmente uno de ellos, Antonio Banús, se vio envuelto en el año 2014 en el “Caso Emperador”, una de las mayores tramas de contrabando y blanqueo de dinero que se han destapado en España en los últimos años.

    No hay nada como tener una buena escuela…

    Tras la muerte de Franco, 10 de los 16 jueces del Tribunal de Orden Público pasaron directamente a ocupar un cargo en el Tribunal Supremo o en la Audiencia Nacional y muchos de los ministros de aquella época continuaron también vinculados al mundo de la política o las finanzas incluso hasta el día de hoy. Es el caso de José Vilarasau Salat, que durante el régimen fue asesor económico de Franco y después ocupó altos cargos dentro del Ministerio de Hacienda. Durante la democracia encontró un lugar en el mundo de la banca y actualmente se le considera como una de las personas más influyentes de la sociedad catalana y española de las últimas décadas desde que empezó a presidir La Caixa a mediados de los años 70.

    Lo llaman “capitalismo de amiguetes”, muchos de los que apoyaban a Franco siguieran en puestos similares e incluso en otros superiores que les permitieron mejorar su situación. Los historiadores más conservadores defienden que todos esos “descendientes del franquismo” solo aprovecharon la oportunidad que les brindó la época de la transición, para posicionar sus empresas estratégicamente o buscar otras salidas profesionales dentro de su ámbito de actuación. Pero lo que no se puede negar es que el origen de muchas de las familias más ricas y poderosas del panorama español actual, hay que buscarlo en el régimen franquista.

    Es bastante evidente que durante muchos años lo público y lo privado han estado cobijados bajo el mismo techo, en casa del poder, donde forjar grandes fortunas y convertirse también en las dinastías más poderosas del país.

    toda una manada de lobos, empresarios de fortuna y falangistas de clase media enganchados a la teta, funcionarios oportunistas, latifundistas de gatillo fácil, altos cargos a la búsqueda de multinacionales donde colocarse. Todos unidos, a la caza del dinero y entrenados en la autarquía de la posguerra para enriquecerse con el desarrollismo a partir de 1959.

    Eso si, Arriba España, todo por la patria y, con los nuevos tiempos, viva el rey…

  • Ecos de Callejón

    Lecciones de Historia: «De cómo acomodé mis reales posaderas, por la gracia de dios, en el trono este»

    Segunda Parte de este interesante resumen del cómo volvimos ser súbditos otra vez, con el reinado de otro de nuestros Borbones, que al igual que sus mayores, nos ha traído consigo un pan bajo el brazo…

    Segunda Parte: «De cómo se hace para que a uno le llamen su majestad, sin que se les note».

    Saludos.

    Después de haber tocado en este incivil papelucho que publican los rojazos, de ciertos antecedentes que explican en parte el porqué somos pobres, pagamos lo que pagamos en impuestos para que otros brinden con champán y nos peguen golpes de estado de vez en cuando, para tener tranquilo al personal, y porqué hay tantas cuentas muchimillonarias con apellidos españoles de abolengo falangista en paraísos fiscales, incluso eméritos, abdicados, actualmente de vacaciones fiscales en Abu Dhabi y campechanos padres de reyes reinantes en el reino de las Españas (y viva el rey, por supuesto. Adhesión inquebrantable y ovaciones enfervorizadas que no falten), como va dicho, después de todo este infumable parrafazo que hace las veces de entrada al breve, comenzamos:

    Mariano Sánchez Soler desgrana en Los ricos de Franco, cómo la recién restaurada Monarquía española fue fabricando a sus “grandes de España” porque la corte estaba vacía. De modo que Juan Carlos I repartió títulos nobiliarios a los jerarcas franquistas para asegurarse su lealtad.

    Algo por lo que no le culpo. Si acabas de aterrizar en mitad del fandango falangista del final del franquismo, y te tienes que hacer un hueco entre aquella pandilla que no entendía otra cosa que el «tu me das y yo te aplaudo», no te queda otra que repartir aunque sean indulgencias plenarias y bulas a porrillo, dado que no tienes otra cosa a mano que poder ofrecer a quienes tienen ya la pasta y el poder…

    Y no lo van a soltar fácilmente, por muy rey que te haya hecho a ti el abuelo Paco (y que en Whasington digan misa. Si quieren los americanos una democracia y todo eso de las bases y lo de la OTAN, que sepan que esto va fundamentalmente de «que parte me toca a mi»).

    Justo cuatro días después de acceder al trono, don Juan Carlos I hizo grandes de España a los Franco.

    Estaba arrancando el tránsito hacia la democracia y se trataba de irse con cuidado. Y lo primero fue lo de integrar los símbolos familiares de la dictadura en la corte, entonces todavía inexistente y ficticia, del nuevo «jefe de Estado”. La monarquía recién restaurada quiso agradecer los servicios prestados, a la estirpe del dictador.

    Los tiempos se aceleraban al tiempo que se iba percibiendo el viento del cambio y también era preciso sumar a la aristocracia en el necesario camino hacia la Transición. Se trataba de renovarse o morir, y uno de los primeros pasos en la operación de «cirugía plástica» del viejo régimen franquista era hacer tabla rasa, borrón y cuenta nueva, pasar página y mudar la camisa para integrarse en el nuevo sistema.

    Don Juan Carlos les abrió la puerta a todos ellos.

    el nuevo rey por fin pudo conceder títulos nobiliarios, y lo hizo, digamos, buscando una especie de sentido “político compensatorio” para con quienes habían hecho factible su acceso al trono desde el franquismo. Juan Carlos no podía romper (hay que ser agradecido con quien te ha dado un reino, bien es verdad) con quienes lo habían elegido para mantener España “atada y bien atada”.

    Don Juan Carlos I comenzó a conceder favores y prebendas nobiliarias. Así, el 31 de enero de 1976 la “señora de Meirás”, (o sea, Carmen la Collares, la esposa del Generalísimo), dejaba el Palacio de El Pardo por un pisazo en Calle Hermanos Bécquer de Madrid. De esta manera, según se esperaba, se iría haciendo, merced al paso del tiempo, mas discreta y menos relevante, su presencia.

    El 2 de febrero de 1976, en cuanto fue destituido como primer presidente del Gobierno, Carlos Arias Navarro recibiría el título de “marqués de Arias Navarro” con grandeza de España, otro de los aguiluchos del franquismo que recibió favores y títulos del hoy monarca emérito y campechano, un viejo conocido de los españoles.

    Un año más tarde, entre enero y abril de 1977, le siguieron a título póstumo los tres presidentes de las Cortes franquistas y del Consejo del Reino, por haber sido esenciales (lo eran de modo inevitable) para el nombramiento del sucesor de Franco a título de rey: Antonio Iturmendi Barrales, conde de Iturmendi; el alférez provisional Alejandro Rodríguez de Valcárcel; y muy especialmente Torcuato Fernández Miranda y Hevia, “duque de Fernández Miranda”. Junto a todos ellos destaca Alfonso Escámez, “marqués de Águilas”, por sus méritos como “banquero del rey”, pues llevaba las cuentas de la Casa Real. Escamez, el caso es que me suena ese apellido. Creo que nos hemos visto en un banco en algún sitio, ¿Suiza tal vez?.

    Y creo que con esto ya tenemos una visión de lo que fueron aquellos polvos, ahora toca hablar de estos lodos. Pero antes, nos faltaría dedicarle un sincero homenaje al verdadero ingeniero que hizo posible la jugada maestra de hacer que el régimen mudase la piel y no me refiero a Suárez: Había alguien que, de verdad sabía lo que había que hacer y tuvo la brillantez necesaria para hacerlo… Don Torcuato Fernández Miranda.

    Amén Jesús.

  • Ecos de Callejón

    Lecciones de Historia: «De cómo acomodé mis reales posaderas, por la gracia de dios, en el trono este»

    Post Scriptum: Algunas curiosidades relacionadas con la milonga de la concesión de títulos y grandezas de España a aquella saga de aguiluchos.

    Habíamos llegado hasta el momento en que nuestro señor, por la gracia del Caudillo, Don Juan Carlos I, actualmente, emérito (por necesidades del posible requerimiento de fiscalización de algunos enjuagues económicos de difícil explicación a la hacienda pública), le había concedido a otro conocido defraudador y evasor de capitales, el señor Escámez, «el banquero del rey» un titulito.

    Pues bien, algo más tarde en 1988, otro de los primeros agraciados iba a ser Francis Franco, el nietísimo del dictador.

    Según consta, por 154.000 pesetas pagadas mediante impreso de Hacienda y otras 4.850 por una carta para el Ministerio de Justicia, Francisco Franco Martínez-Bordiu se convirtió en señor de Meirás, un título que don Juan Carlos había concedido a su abuela, la señora de El Pardo, el 26 de noviembre de 1975 (seis días después de la muerte de su marido).

    Así quedan dichos los honores que la familia del dictador cosechó, por ser quien era, en los primeros días de la Transición.

    Recién llegado al trono, el nuevo rey quiso reconocer los servicios prestados por Carmen Polo y extendió también el honor a su hija, Carmen Franco Polo, desde entonces «duquesa de Franco». Las dos, ya con Grandeza de España adquirida, entraban a formar parte del club selecto de la nobleza española, compuesto por 400 miembros entre los 2.700 títulos nobiliarios existentes.

    La concesión del señorío de Meirás está reseñada por el Elenco de la nobleza con estas palabras: «A doña Carmen Polo de Franco, viuda del Caudillo, Generalísimo y jefe del Estado español», y añade sus méritos: «Doña Carmen Polo y Martínez Valdés, dama de honor de la Cruz Roja, Gran Cruz de Sanidad, Medalla de Oro y presidenta de honor de la Fundación Nacional Francisco Franco».

    En los mismos términos está inscrita la concesión del «ducado de Franco», aunque cambiando, en este caso, viuda por hija.

    En cuanto el bueno de Francis obtuvo el título de «señor de Meirás», (haciendo suyo el pazo hoy devuelto al pueblo gallego por sentencia judicial). Queda por reseñar que hubo un par de cuestiones polémicas: En primer lugar que el rango de señorío estaba suprimido legalmente por real decreto de 27 de mayo de 1912 que advierte: «Desde la publicación de este decreto no se autorizará la conversión del título de señor en otra dignidad nobiliaria. No se concederán nuevos títulos de esta clase». Para poder darle tal dignidad a Carmen Polo hubo que recurrir a una norma de rango superior al habitual: un decreto firmado por el presidente del Gobierno, Carlos Arias Navarro.

    En segundo lugar, la concesión del señorío no contenía ninguna cláusula sucesoria especificada, si bien en el documento firmado que fue entregado a la viuda de Franco fue añadida la frase: «concedido a perpetuidad», a diferencia del ducado de Franco, cuyo decreto especifica que la merced es «para sí, sus hijos y descendientes».

    Los juristas especializados en heráldica no llegaron a acuerdo sobre estas singularidades mientras el nuevo «señor de Meirás» heredaba un título que le convertía en el último «excelentísimo» señor de su familia.

    La Constitución de la II República suprimió los títulos nobiliarios, pero tras su golpe de Estado, Franco los recuperó y se otorgó a sí mismo la potestad de crear nuevos (también le entraban pálpitos y sudores soñando con la idea de su propia realeza).

    Entre los que acuñó por su propia mano están el Ducado de Primo de Rivera (adivinen ustedes para quién), el Ducado de Mola (¡ojalá hubiera tenido sentido del humor, por que podría haber sido el de Mola un huevo) o incluso (¡agárrense!) el Condado de Fenosa. Sí, se llama así, igualito que la compañía eléctrica porque Franco se lo otorgó a su fundador.

    ¿Tendrá Amancio Ortega algún día el Condado de Zara o el Ducado de Lefties?

    Tener un título, (y especialmente, ser Grande de España) significaba entonces disfrutar de privilegios según la época histórica en que te tocase, por ejemplo, cobrar rentas, poder acceder directamente a puestos más altos (y mejor pagados) en el ejército o tener entrada libre en el Palacio Real, ojo, hasta la galería de retratos.

    Hoy en día, afortunadamente no queda en pié ninguno de estos privilegios, más allá de que puedas contar en la lista de invitados a una boda real o que tengas más cartas premiadas para aparecer en el Hola. El último privilegio legal que desapareció lo hizo en 1984: viajar con pasaporte diplomático.

    Lo que sí puedes hacer todavía es llamar a tu compañía telefónica y pedir que, a partir de ahora, la factura del móvil te llegue con el Ilustrísimo Señor delante. Os lo digo por propia experiencia: Yo lo solicité (poseo el título de Barón, no es coña) y me llegan todos los mensajes de la compañía con el tratamiento honorífico correspondiente, como es de ley, faltaría más.

  • ¿Vuelve el psicópata..?

    «Hay millones de personas que se han llenado la cabeza con las mentiras de Trump, y eso es muy peligroso»

    Todo parece que si..

    https://www.eldiario.es/internacional/trump-dice-trumpismo-lejos-acabar_1_7261904.html

  • lampuzo dijo:

    ¿Vuelve el psicópata..?

    Creo que piensa volver:

    https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-56234491

    Los republicanos que se lo piensen…

  • Decía Blas Infante en Tiempos de nuestro señor, por la Gracia de Dios, don Alfonso XIII:

    Yo tengo clavada en la conciencia desde la infancia la visión sombría del jornalero. Yo le he visto pasear su hambre por las calles del pueblo»

    Y yo, Don Blas. Las colas del hambre se multiplican en todas las ciudades. Las peticiones de alimentos han subido un 60% en muy poco tiempo. La gente sigue teniendo que decidir entre pagar los recibos o comer.

    Y Mientras tanto, a alguno le llega (por fin) el papelito que dice que le han aprobado el ingreso mínimo vital. Que la prestación concedida es de 21€ mensuales.

    …Y a mi me entra una vergüenza descarnada y muy honda, de ver cómo, además de empobrecerles, les insultan.

    Me pregunto si el problema no consistirá en ser tantos y tantos los pobres. Que, nos hemos acostumbrado a ver cómo se confunden con el decorado de la ciudad, haciéndose, de puro notables, invisibles. Deshumanizándose hasta servir de diversión para quien decide que sería una buena idea prenderles fuego en un cajero o…

    Pero también puede que no importe. Que a fin de cuentas este es un país de hambres que duran siglos, de pobretes que se buscan la vida desde antes de que las putas vistiesen sombrero de tres picos, al otro lado del Tormes, cuando nuestra santa madre, el hambre, dio en parir a la orilla, pues, sepa vuestra merced ante todas cosas que a mi me llaman Lázaro de Tormes. y yo y mis hermanos seremos pasto de la avaricia y de la desidia de estos reinos, que solo saben premiar a quienes les roban y malbaratan los bienes de todos.

    Señor de los espacios infinitos, tú que tienes la paz entre las manos, derrámala señor te lo suplico y ayúdanos a huir de la negra hambre, a mi y a mis hermanos. Señor te lo suplico, haz que mis hermanos comprendan su triste condición y que sus manos, como una sola mano y sus voces, como una sola voz, se unan para reclamar lo que es suyo y acabar por su voluntad y su esfuerzo con tanta injusticia, con tanta necesidad, auyentando a tanto paniaguado, a tanto desalmado…

  • mi me llaman Lázaro de Tormes. y yo y mis hermanos seremos pasto de la avaricia y de la desidia de estos reinos, que solo saben premiar a quienes les roban y malbaratan los bienes de todos.

    @ Doc Halliday:

    Que bien traído este pasaje, Doc :bueno:

    “Yo por bien tengo que cosas tan señaladas y por ventura jamás oídas ni vistas, vengan a noticia de muchos y no se entierren en la sepultura del olvido.”

    https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2020-10-23/coronavirus-provoca-bajada-sueldos-espana_2803403/

    https://www.infolibre.es/noticias/economia/2021/03/02/la_fatiga_pandemica_devuelve_espana_los_cuatro_millones_parados_aumenta_160_000_los_trabajadores_erte_117433_1011.html

  • venga, vamos a ello:

  • Saludos,

    ¿Un cambio de «look»?. No está mál, pero voy a echar de menos los emoticonos…

  • Venga, algo un pelín diferente:

  • @ lampuzo:

    ¡Genial!. Toda una vida siendo trekkie, y ahora se confirma. Con un poco de suerte hasta puede que nosotros alcancemos a ver el despegue de la primera nave warp.

    …Voy a ponerle varitas de incienso a la maqueta de la Enterprise.


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