Off Topic

En este espacio podéis tratar el tema que os apetezca.

 
 
  • Genial combinación de barroco y jazz

  • Otro divertimento no apto para iconoclastas

  • @ jeopardize:

    ¡Magnífico!.

    Sirva esto como recordatorio de que la inteligencia, el sentido del humor, y el ingenio no solo no están reñidos, sino que son frecuentes compañeros de viaje.

    Y valga también mi aplauso en esto.

  • A cambio:

  • Y, ahora, algo completamente diferente:

  • A esta gente tuve ocasión de padecerlos en Covent Garden durante una temporada. En aquella época Christine y un servidor solíamos acercarnos por los pubs de la zona a encontrarnos con amigos y tomar algo, para ir después a cenar a Sarastro, un local muy divertido que te recomiendo. Sinceramente, se que te encantará, en Drury Lane.

  • Ecos de Callejón

    Política: El debate.

    Dado que llevamos una buena temporada padeciendo a los tíos estos y a sus puñeteros asesores, asistiendo día tras día a la zafiedad, los insultos, la simple y evidente ausencia de pensamiento político coherente con una realidad que es la que es y que dice literalmente que estamos jodidos y que lo vamos a estar más como no espabilemos y votemos con la cabeza, sufriendo la falta de calidad de sus fichajes, la cara dura, la evidente desmemoria, las sistemáticas mentiras y ofensas a nuestra inteligencia, dado pues todo esto, esta redacción cree suficientemente justificado permanecer en huelga de conexión y pasar del tema.

    Nuestro voto esta meditado y decidido. Ha bastado con sopesar lo que leemos en los periódicos e ir cruzando dichas informaciones y otras recogidas anteriormente para decidirnos por la que creemos menos mala de todas las apuestas que hay sobre la mesa.

    En cuanto al número de indecisos, creo que es bajo para el que debería ser dada la ingente cantidad de humo que se ha estado vendiendo en este país desde hace tanto tiempo. Lo extraño es que no estemos todos en urgencias con el cerebro hecho puré de tanto escuchar gilip0lleces.

    En fin.

  • Doc Halliday dijo:

    A esta gente tuve ocasión de padecerlos en Covent Garden durante una temporada. En aquella época Christine y un servidor solíamos acercarnos por los pubs de la zona a encontrarnos con amigos y tomar algo, para ir después a cenar a Sarastro, un local muy divertido que te recomiendo. Sinceramente, se que te encantará, en Drury Lane.

    Padecerlos? No hombre no! Si lo hacen bastante bien.
    He de reconocer que mi cultura y mundología londinense no alcanza la suya. He estado múltiples veces, pero siempre por motivos laborales, de esos que te dejan el tiempo justo para tomarte una old ale en cualquier pub. Prometo enmendarme en la próxima reencarnación. :-P

    P.S. Buenos los momentos musicales :fiesta:

  • Bué, yo creo que también voy a emorracharme. El granjero tiene un zumo de cebada fermentada que promete…

    https://blogs.elconfidencial.com/cultura/mala-fama/2019-04-20/elecciones-programa-cultura-partidos-pp-psoe-cs-podemos-vox_1947010/

  • Esto me retrotrae al Marquee Club

  • Saludos.

    No vimos el debate. En primer lugar por conservar la paz mental tan trabajosamente adquirida estas vacaciones en el pueblo, lejos del monumental pandemonio que se han encargado de edificar todos estos. Y, en segundo, por el convencimiento de que en esta clase de debates tan encorsetados, tan medidos, tan planchados y repeinados, no hay más chicha que esperar a ver quien mete la pata. Como dice la tradición, estos debates no se ganan, son los otros los que los pierden.

    De hecho, es costumbre en casa para poder analizar algunos momentos controvertidos de nuestros políticos de los que hay imágenes, quitarles el sonido para que no nos distraiga el ruido.

    Sin embargo, si que conviene dejar claro que esta postura no es la del que elude su responsabilidad como nacional de este país, ni tampoco la del que se toma las cosas tan a la ligera (no quiero arrepentirme luego, como le pasa a más de muchos con el brexit o con las recientes elecciones a una comunidad autónoma en este país).

    Así que si que le estoy echando un vistazo a radios y periódicos en busca de opiniones de periodistas y de politólogos de alguna confianza, y algo a tener en cuenta (dada la inclinación a mentir como bellacos de algún que otro conocido líder político de este nuestro país) el filtro sobre afirmaciones mentirosas hechas durante el debate que, por ejemplo, publica El país:

    https://elpais.com/especiales/2019/elecciones-generales/mentiras-debates/

    Lo que dice del debate el Manuel Jabois, otro gato:
    https://elpais.com/politica/2019/04/22/actualidad/1555945856_721970.html?autoplay=1

    Y, por supuesto lo que tiene que decir el señor Gabilondo, que no es un gato, pero merecería serlo:

    https://elpais.com/elpais/2019/04/23/la_voz_de_inaki/1556005100_023851.html

  • Saludos.

    Tengo la impresión de que nos hemos acostumbrado demasiado aprisa a que se nos mienta por parte de los políticos. Creo que el estilo de Trump, ensayado con éxito en estas elecciones, va a seguir calando y que esto no es bueno.

    Estamos haciendo del electorado un animal caprichoso, díscolo, volátil que parece plegarse a una nueva forma de comunicar basada en la apariencia y en los sentimientos inflamados, antes que en el razonamiento y la responsabilidad. Y esto no puede ser bueno.

  • Ecos de Callejón.

    Política: ¿Política?.

    A esta redacción se le achacan multitud de villanías, algunas incluso no del todo faltas de naturaleza. Por ejemplo, se nos achaca que fumamos, bebemos y que frecuentamos malas compañías. Pero no es menos cierto que pagamos alguna ronda de vez en cuando; como reza la canción: somos seres racionales, de los que toman raciones en los bares. Es también cierto que lo hacemos en compañía de gentes políticamente incorrectas y no menos sospechosas de ser consideradas tan anárquicas como rijosas, probablemente con toda razón.

    Muchos de ellos nocharniegos frecuentadores de tascas, figones, bodegas, mesones, garitos y merenderos, vinaterías y determinados patios y mentideros de la cosa. Lugares donde la gente de a pié acostumbra a alumbrar lo oscuro e intrincado que sale del pico de tanto político boquirrubio pisaverde, con razones tan claras y sencillas que brillan por si solas.

    O sea, que no teníamos puñetera intención de ver el debate, pero en la Bodegueta de Pepe, donde pretendíamos emboscarnos, alguno de los parroquianos se había bajado un televisor y lo había instalado sobre los tablones del mostrador, instalándose el personal en hemiciclo, sentándose cada cual donde pudo, guardando cierta compostura.

    Así que nos tocó, por respeto a Pepe (que mantiene el retrato de don Manuel Azaña colgado en la pared) y al personal, tragarnos parte del puñetero debate. Y Los comentarios de la parroquia fueron, a ratos, más jugosos que nada de lo que pudimos ver en el televisor, y hasta se vivieron momentos brillantes de réplicas y contra réplicas de los parroquianos, algunos muy incisivos, otros con mucha chispa. Pasamos un buen rato, nos reímos a gusto e incluso participamos.

    Pero siguiendo nuestra promesa, no vamos a soltar prenda sobre ello. Preferimos que sean los mismos a los que invocamos en el anterior, los que opinen de este:

    El Manuel Jabóis, otro gato:

    https://elpais.com/politica/2019/04/23/actualidad/1556031276_358211.html

    Y el Maestro Gabilondo, que no es gato, pero que merecería serlo:

    https://elpais.com/elpais/2019/04/24/la_voz_de_inaki/1556092221_898718.html

  • Me permito hacerles partícipes de una idea (que no nueva), que cuando menos pretende una reflexión sobre los botarates que nos gobiernan:

    ¿Y si eligiéramos a los políticos al azar?

    La elección de cargos públicos por sorteo es una idea que está cada vez más presente entre los estudiosos de la Política. En el libro Contra las elecciones, el politólogo belga Van Reybrouck, ha logrado cierto éxito mediático poniendo sobre la mesa la cuestión.

    No es el único. Propuestas similares han hecho, por ejemplo, Alexander Guerrero, Nicholas Tampio, Oliver Dowlen y Yves Sintomer, entre otros. El sistema del sorteo para elegir cargos públicos no es nuevo: hace ya 2.400 años se empleaba en Grecia, la cuna de la democracia, como nos describe con algún detalle Aristóteles en su obra sobre la democracia ateniense.

    No es una idea nueva, por tanto, la del sorteo, pero sí es novedoso que se hable de ella con frecuencia y que se haya llevado a la práctica en algunos casos, aunque con fuertes limitaciones en cuanto al alcance de las decisiones que pueden tomar los ciudadanos elegidos. Con este procedimiento de elección se pretende superar las deficiencias de nuestras democracias representativas. Sin embargo, defender el azar como fuente de legitimación del poder puede no ser tan sencillo como parece.
    El azar y la legitimidad

    ¿Ha jugado alguna vez a la lotería? Si le tocara, ¿no pensaría que ha tenido suerte? Pero si, además, durante la misma semana sale su número en la ruleta del casino, le toca el carrito lleno de comida que sortea el supermercado, el equipo de su localidad mete un gol que le hace ganar la quiniela y el caballo por el que apostó entra el primero en la meta, ¿no serían todo señales de que el destino está de su parte? Por último, gana las elecciones municipales de su localidad y es elegido alcalde, ¿esto forma parte también de la racha de buena suerte?

    La respuesta a esta última pregunta no es sencilla. Si ganar las elecciones es cuestión de suerte, ¿dónde queda el mérito? Habrá quien diga que puede tratarse de la combinación de ambas cosas: parte de mérito, resultado de un esfuerzo (por ejemplo una brillante campaña electoral), y parte de azar. Ambas cosas parecen excluyentes: en la medida en que en la consecución de algo interviene la suerte, se reduce el mérito que tenemos al conseguirlo.

    Maquiavelo resolvía el problema estableciendo un equilibrio entre ambos, más o menos: la mitad de lo que un político podía lograr se debía a la fortuna y la otra mitad al mérito (la virtud). Pero, puesto que no escogemos dónde nacer, ni en qué época, ni qué genes tendremos, no es raro que haya quien considere al mérito inexistente puesto que lo que alcanzamos y conseguimos lo debemos a situaciones del todo azarosas. Incluso quien logra el éxito teniendo una idea brillante debería tener en cuenta, desde este punto de vista, que su cerebro es resultado del azar. Por el contrario, quien es perezoso y no alcanza las metas que se propuso en la vida no tiene más responsabilidad que el anterior, ya que su pereza se debe también al azar, que no le hizo nacer con predisposición al esfuerzo.

    El azar es, pues, problemático. Si le debemos lo que somos y lo que tenemos, estaría justificado que se nos arrebatara parte de ello para, por ejemplo, entregárselo a alguien menos afortunado (no sólo nuestras cosas, también nuestro tiempo).

    Y en el caso de la política, plantea problemas de legitimidad. Si quien gana las elecciones, o llega al poder, se lo debe a la suerte, carece de legitimidad, pues podría haber sido cualquiera el afortunado. No tiene más derecho a mandar que el que tenía antes de ser elegido.

    Con esto se pone en duda, ni más ni menos, uno de los presupuestos fundamentales de lo político: la relación de mando y obediencia. ¿Por qué obedecer a quien la suerte elige? En democracia, la legitimidad se deriva de los resultados electorales: gobierna quien es elegido por el pueblo. Pero, ¿qué ocurre si concluimos que el resultado de las elecciones es azaroso? Si se debe a la suerte, ¿no estamos poniendo en duda la legitimidad del gobierno que sale de las urnas? Del mismo modo que aquél a quien le toca la lotería no tiene más mérito que el que no fue afortunado al comprar el décimo, quien saliera elegido de las urnas no tendría más legitimidad que quien perdiera las elecciones; ¿por qué darle el gobierno entonces?
    La suerte está de parte de los que ganan

    Puede plantearse de otra manera, ¿y si el premio de la lotería fuera, en lugar de dinero, formar parte del Consejo de Ministros? A quien le tocara el gordo sería primer ministro o presidente de gobierno, los siguientes premios harían ministro a su poseedor, y con la pedrea se rellenarían las Secretarías de Estado y las Direcciones Generales. Debemos preguntarnos hasta qué punto estaríamos dispuestos a conceder legitimidad a un gobierno nombrado de este modo. ¿Por qué tendríamos que obedecer? La primera respuesta que viene a la cabeza es que si todos podemos estar de acuerdo en las reglas del juego, todos tenemos que cumplirlas. Sin embargo, esto no está tan claro: si cuando voy a cruzar un parque alguien me dice que hay una probabilidad de que me atraquen pero, aún así, decido cruzarlo, ello no quiere decir que, en el caso de que finalmente me atraquen, esté de acuerdo con ello.

    El politólogo Eric Voegelin contaba que Kuyuk Khan, cuando llevó sus conquistas hasta el corazón de Europa, respondió a los mensajeros del Papa Inocencio IV y el rey de Francia, que le preguntaban qué falta habían cometido magiares y cristianos para que los conquistara, lo siguiente: “El Dios eterno mató y destruyó a los hombres de esos reinos. Si no por orden de Dios, ¿cómo podría alguien matar, cómo podría tomar por su sola fuerza?” Es decir, si el Khan ganaba las batallas era porque Dios estaba de su parte. La suerte en el campo de batalla era el reflejo de un orden superior que se ponía de manifiesto. La legitimidad del poder se derivaba, por tanto, de la creencia en la existencia de ese orden que debería reflejarse en este mundo. Cuando se tiene esa idea del azar, el sorteo de algunos cargos públicos como hacían los atenienses, no supone un problema de legitimidad.
    La recuperación del sorteo en política

    Cuando esa idea de orden trascendente que la política busca instaurar desaparece, es difícil recuperar el sorteo como forma de selección. Ya no estamos seguros de que quienes salgan elegidos sean los más adecuados para los puestos y, lo que es más importante, no podemos dar legitimidad a su mando: ¿qué razones tendríamos para obedecer a quien debe su cargo a la suerte?

    Quienes hoy proponen el sorteo como forma de superar algunas deficiencias de la democracia representativa, deberían tener en cuenta que ya no vemos la política como una tarea que busca instaurar un orden trascendente. Hoy la política, y desde más o menos el siglo XVII, tiene como objeto la certeza y la seguridad, no el orden. No tiene cabida el azar, la incertidumbre o lo imprevisto. No escucharemos al vencedor de unas elecciones iniciar su discurso diciendo: “Ha sido una suerte ganar estas elecciones. El azar ha determinado que sea yo quien haya de hacerme cargo de las tareas de gobierno. Podría haber sido cualquiera de mis contrincantes en esta liza electoral. Espero que sigan probando en próximas convocatorias en las que, tal vez, les sonría la fortuna.”

    Recuperar el sorteo exige recuperar un concepto de política que hoy nos es ajeno. Tal vez ocurra que practicando el sorteo se logre que resurja esa forma de ver la política alejada del dominante pensamiento ideológico determinista. El sorteo se convertiría, así, en una forma de recuperar la vieja libertad política tan querida por los clásicos. Deberíamos probar: en este sorteo no perdemos mucho y, si ganamos libertad, el premio no puede ser mayor.

    Artículo original: https://theconversation.com/y-si-eligieramos-a-los-politicos-al-azar-102560

  • @ jeopardize:

    Saludos. Esto sería mejor que lo comentase Tru, yo solo soy un simple aficionado.

    La idea de la que nace la política es la de la necesidad.

    La imperiosa necesidad de establecer unas garantías que faciliten una convivencia aceptable entre aquellos que son similares en su capacidad de agresión. Siempre será imprescindible que todos,de una manera u otra, se encuentren representados e igualmente defendidos y obligados por las reglas establecidas.

    Reglas que se establecen de común acuerdo incluso en el método por el que se eligen, lo que nos hace responsables igualmente de la elección realizada y de los motivos que hemos sopesado como de mayor importancia y que han conducido a elegir esto y no lo otro. Incluso en esto hemos de estar de acuerdo.

    Este preámbulo sirve para evitarnos recurrir a la famosa parábola de aquella charca de ranas que rogaron a los dioses que les enviasen a un gobernante. Y para explicar aunque sea mal, que solo nosotros podemos gobernarnos y que es con los mimbres que tenemos con los que toca hacer este cesto.

    O sea, que el mejor gobierno al que cabe aspirar es el gobierno que los ciudadanos libremente decidan, eligiendo de entre sus paisanos que quieran ofrecerse para prestar este servicio. Y este, creo yo, es el máximo determinismo al que cabe aspirar en una sociedad democrática.

    El azar puede resultar útil para según que puestos dentro de la administración. Por ejemplo, la persona versada en determinadas cuestiones que debe asesorar al juez en dichas materias no puede ser alguien sobre quien recaiga la sombra de la duda en cuanto a la limpieza de su proceder, ergo se le elige “por insaculación”. Esto es que se recurre al azar para escoger un nombre de una lista certificada, lo que garantiza en principio la inexistencia de pasteleo entre perito y ninguna de las partes.

    El método consiste en poner en un saco (de ahí la voz), cántaro o urna cédulas o boletas con números o con nombres de personas o cosas, para sacar una o más por suerte. y se emplea en múltiples actuaciones judiciales, para la designación de jurados o peritos, y, en ocasiones, para determinar las personas llamadas a desempeñar algunas funciones públicas.

    Las monarquías hispanas refrendaron este método para la elección de cargos municipales de modo que se evitasen reyertas y banderías entre familias aspirantes a dichos cargos. En concreto, este fue el método preferido por la Corona de Aragón hasta que Felipe V abolió los usos y fueros con el Decreto de Nueva Planta en 1616. En Castilla se usaba como método sustitutorio de la votación o designación directa de cargos en aquellos casos en los que se preveía que habría gresca.

    Probablemente la voz provenga del latín medieval insacculare (meter en un saco), a partir de sacculus (saquito).

    Véase, por ejemplo:

    https://gredos.usal.es/jspui/bitstream/10366/69878/1/Los_Reyes_Catolicos_y_la_insaculacion_en.pdf

  • Venga, una muestra de desenfreno a la japonesa:

  • Yolanda Ivonne Montez Farrington (Tongolele) nacida el 3 de enero de 1932 en Washington D.C.llegó a México en 1946 y no hablaba español, pero tampoco resulto ser un obstáculo para que la muchacha triunfase…

  • Y la Loren desatando celos y pasiones disfrazada de flamencona entre navajas, patillas, guitarras y toreadores:

  • Cuando se comenzó a trabajar en la escena, había más top-less remarcando el exotismo. Sin embargo, en la primera prueba con vestuario, a uno de los ejecutivos de la 20th-Century-Fox le dio una angina de pecho de ver tanta teta bailando en libertad y hubo que recatarse. Una lástima, francamente.

  • Y ahora, algo completamente diferente:

  • Venga, cerramos, el reverendo Peyton tiene la palabra:

  • Doc Halliday dijo:

    Saludos. Esto sería mejor que lo comentase Tru, yo solo soy un simple aficionado.

    OK.

    Hans Morgenthau, del que has dejado la esencia de su visión antropológica de la política, y en concreto, cconvivencia aceptable entre aquellos que son similares en su capacidad de agresión, que mentabas, asume que la política surge de leyes objetivas arraigadas en la naturaleza humana, como el afán de “dominar y no ser dominados”, parto político donde los haya. “El poder del hombre sobre el hombre”.

    Vamos, que la política no es un capricho.

    Y la evolución de esta primera volición política se desarrolla construyendo una moral que englobará la mayoría de espectros políticos. Y con frecuencia, las voces disidentes, son las que en el futuro se oirán, abandonando la sociedad unas tradiciones en pro de otras. Así se describe la evolución política (emancipación de la mujer, abolición de la esclavitud, etc).

    Por ello, el realismo político, que se basa en lo racional, lo objetivo y lo no emocional, (lo que en la práctica no deja de ser un ideal), parte de este principio adyecto a la naturaleza humana, “dominar y no ser dominados”, siendo fiel a sus principios y de paso racionalizando así la existencia de mores, más su objeto de estudio no es la moral.

    No solo la política no nace de los árboles, sino que es el motor de los mores.

    Dotar de un orden racional al objeto de la política, no es el objetivo de la política, si acaso serviría como herramienta para su mejor comprensión, pero es que dicho orden surge con el ejercicio del poder: sea como fuere éste, surgirán mores al respecto, y habrá que lidiar con ellos. O en román paladino, estamos en continua evolución política.

    Y en las quinielas la pasta está en el pleno al quince; para llegar a él hay que acertar 14 antes.

    En mi opinión, ningunear uno de los principios básicos democráticos, la participación en la política del ciudadano, que ya se que aburre y tal, cansa, pero es de lo que se trata, es lo que obvia un sorteo, que en lugar de traer más libertad, como se menta al final del artículo, no sé muy bien si con o sin sorna, solo traería en realidad más desidia política, inacción, “ya está todo hecho, solo cabe que el bombo ponga al afortunado de turno”. Y habría que tragar con ello, más con la casa por barrer.

    En democracia no siempre gobiernan quienes uno quiere, y conformarse con que las formas de la votación sean del acuerdo de todos, no es nuevo, ya sucede.

    Asumir vacía de contenido pues la política, es dejar al pairo nuestras intenciones como sociedad. Las cosas no cambian solas, las cambiamos nosotros, en la medida en la que los demás interesados estean mayormente conformes, es decir, si lo quiere una mayoría representativa.

    Y en la medida que hay grupos poĺíticamente determinados dentro de otro mayor, es porque esa sociedad baraja alternativas diferentes al respecto de lo que hacer en lo que a todos su integrantes concierna, y se votan por unas u otras: por ello el sorteo es en si ridículo, pues el sorteo parece responder a la necesidad de un gobierno, más con todo el bacalao cortado, ¿para qué un gobierno entonces?…el sorteo mismo sería innecesario. El sorteo supone una involución en el diálogo político, que desaparecería, ¿para qué discutir al respecto de nada si ya está todo decidido?

    Si la justificación a este tipo de cuestiones, es tratar de huir de las reyertas políticas, evitar lloreras de quienes no ganen, u otros conflictos, pues solo habla de la poca cultura democrática (mal perder y pocas ganas de hablar) de quien propone el sorteo o de como ve él a la sociedad, caprichosa e infantil; habla de que ve un problema en esto, en ganar o perder unas elecciones, y hoolingans siempre habrá.

    O también podría hablar de la naturaleza del poder mismo, y la justificación para cargarse la política es que ya sabemos quien manda, el mercado, y lo demás no importa.

    ¿Que no decidimos nada hoy en día igualmente? Este es un discurso liberal que no convence a nadie ya, quizás le valiese a los romanos, más aún ellos lo reglaban todo a posteriori…hoy en día asumir esto, tan extendido por ahí, supone la desiderata del poder financiero, sin fuerzas sociales que frenen los desmanes que cometerán para con el resto de sus congéneres para el propio provecho, como el empirismo a este respecto nos dice…les recuerdo, que el único problema de la oferta y la demanda como sistema de precios, es que funciona, y de ahí que para frenarlo y encauzar su funcionamiento dentro de la ética preponderante haya que recurrir a un poder mayor que el del mercado, el de los hombres.

    Por ello, dado que la esencia del discurso liberal es dejar correr las cosas y ver que pasa, (como si no lo supiésemos ya a estas alturas), solo pueden hablar de lo demoníacas que serán las alternativas a esto, cualquier tipo de iniciativa social para cambiar algo que no se pueda convertir en negocio, en lugar de discutirla. Del mismo modo quien no estea conforme con lo que hay (que con un bombo tendría que escribir para el recuerdo), demoniza lo existente en pro de un futuro mejor.

    Si la política se redujese a un sorteo, deberían preguntarse quien pone el bombo: sería quien la hiciese alumbrando una nueva tradición, como ya sucede hoy en día, con esta nueva tradición neoliberal, fruto de gentes apolíticas, como diría Bertol, ignorantes en definitiva, la peor clase de ignorantes, los más peligrosos, los que forman las masas descerebradas.

    La política nunca desaparecerá, es intrínseca a la condición humana de ser social, de mamífero. Y en esto, solo cabe la evolución en una dirección, la del diálogo: con la gresca montada ya estamos ahora, y quizás nunca deje de ser así, mientras haya política, osea, siempre, y la solución a esto pasa por cultura democrática, no por un bombo.

    Cosas del neocortex, por ello, me quedo con la frase del artículo que dice:

    Quienes hoy proponen el sorteo como forma de superar algunas deficiencias de la democracia representativa, deberían tener en cuenta que ya no vemos la política como una tarea que busca instaurar un orden trascendente.

    Soluciones concretas a problemáticas concretas; el resto vendrá solo.

  • ¿Qué opinan?:
    https://www.infobae.com/america/the-new-york-times/2019/04/25/espana-estas-en-problemas/

    Más allá de la calidad de los participantes (no puedo opinar sabiamente al respecto), no dejo de resaltar lo bueno que sería que este tipo de debates fueran también obligatorios en mi país.

  • Guanacosoft dijo:

    ¿Qué opinan?:
    https://www.infobae.com/america/the-new-york-times/2019/04/25/espana-estas-en-problemas/

    Más allá de la calidad de los participantes (no puedo opinar sabiamente al respecto), no dejo de resaltar lo bueno que sería que este tipo de debates fueran también obligatorios en mi país.

    De acuerdo con el artículo.
    Los participantes?:
    -.Verguenza ajena, básicamente.
    -.Bajísimo nivel
    -. etc


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