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Autor Tema:Brexit, política monetaria, desaceleración económica, guerra comercial
accountkil-
ler
Avanzado
Mensajes: 221
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Mensaje Brexit, política monetaria, desaceleración económica, guerra comercial
on: 4 January, 2020, 13:22
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Doc-
Halliday
Avanzado
Mensajes: 600
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Mensaje Re: Brexit, política monetaria, desaceleración económica, guerra comercial
on: 7 January, 2020, 00:27
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Saludos, pequeño facha.

Como sabes, no voy a molestarme en perder tiempo viendo ninguno de los vídeos que publiques. La razón, como sabes, es muy sencilla: No tengo ninguna intención de convencerte de nada. Eso se queda para los que dudan mal informados y caen en la tentación y el oportunismo facilón que termina en el fascismo. A tí, facha declarado, no te serviría ni el razonamiento ni la discusión política, puesto que la gente como tú son simples hooligans, tontos útiles al servicio del partido.

Así que prefiero pasar el tiempo de otra manera, una que les resulte útil a los lectores que aparezcan por aquí. Además de divertirme haciéndolo. La tuya es una visión preilustrada y casi medieval de lo que debe ser el Estado moderno. La democracia se edifica sobre la soberanía de los ciudadanos, iguales en derechos y obligaciones ante la ley, y no sobre la identidad territorial, lingüística, religiosa, étnica o de cualquier otro género.

A pesar de todo el aparato propagandístico vertido aquí por el pequeño fachita, y toda la poesía vacua empleada en componer propaganda sobre el tema, hay cosas que no se pueden esconder. El neoliberalismo ha sido la ideología económica dominante durante casi 40 años y, vistos los resultados que arroja, empieza a encontrarse seriamente cuestionada, tanto desde lo académico como desde la prensa especializada (Martin Wolf, en Financial Times). Es de modo innegable es el cuerpo doctrinal que ha conformado la realidad regulatoria e institucional en el mundo. La descomunal elevación de la desigualdad, con sus dramáticas consecuencias económicas, sociales y políticas, es principalmente el resultado de ese dominio ideológico.

Las características de la globalización, no habrían producido los resultados actuales en otro contexto que no fuera éste. Por otra parte, en contra de lo que proclamaban los neoliberales, el marco que han forjado no solo no ha dinamizado la innovación sino que ha mermado notablemente su impulso. De hecho ha sido un freno tanto para la inversión productiva como para la innovación, simplemente ha fomentado a individuos que amparados en el andamiaje institucional se han ido apropiando de una enorme proporción de las rentas, sin haber aportado valor, o con una aportación infinitamente inferior a la retribución que han recibido.

Y a esta casta es a la que sirves, pequeño facha.

Estimados lectores, sucede que el liberalismo se sustenta sobre una doble falacia: la que hace del trabajo el origen y fundamento de la propiedad y la que entiende al individuo como un sujeto libre con capacidad para tomar decisiones de manera autónoma. Es sorprendente que, a pesar de lo evidentes que resultan estas falacias, no se hable más de ellas. Puede que vivamos sujetados, en las diversas acepciones del término, por la ideología dominante y que esto nos impida ver con más claridad.

Por lo que respecta al trabajo, para el liberalismo, es el origen y justificación de la propiedad. Origen en la medida en que esta doctrina establece un vínculo directo entre propiedad y trabajo, de este modo las propiedades del sujeto son fruto de su trabajo y las diferencias de propiedad son explicadas como consecuencia del diferente esfuerzo desarrollado por los seres humanos. Estableciendo, de ese modo, una perfecta relación: quien más se esfuerza, más tiene. De donde se deduce que quien no tiene es porque no se ha esforzado. Fácil, ¿verdad?...

Además, el éxito o fracaso social adquieren una dimensión moralizante. De hecho, el actual neoliberalismo se caracteriza por su estrategia de cargar sobre el individuo la responasabilidad de todo cuanto le acontece. La salud, el trabajo, el éxito o el fracaso tienen que ver, en exclusiva, con el empeño del sujeto en moldear adecuadamente su vida, de manera que las circunstancias sociales o políticas quedan exoneradas de cualquier responsabilidad. Ya sabes, eres un puto fracasado, prueba inequívoca de que es culpa tuya.

En cuanto a la libertad, se entiende como atributo que constituye al sujeto, de tal modo que todas sus acciones son imputables a sus propias y libres decisiones. Este es el núcleo duro de la ideología que nos ha llevado a la situación en la que nos encontramos. El liberalismo necesita de la ficción ideológica de individuos libres.

Pero por lo que respecta al trabajo, si algo está establecido de modo palmario en el capitalismo es la desvinculación de propiedad y trabajo. Justamente, es a la apropiación por el capitalista de los frutos del trabajo ajeno, la enajenación, por tanto, del trabajo individual. El trabajador vuelca su esfuerzo en la producción de una serie de mercancías que, inmediatamente de producidas, dejan de pertenecerle para pasar a engrosar el patrimonio de quien no se ha implicado en el proceso de su producción. Si algo se constata en la realidad del capitalismo es lo contrario de lo que su ideología afirma: que quien no trabaja, posee, y quien trabaja, resulta desposeído.

Esto último está firmemente vinculado con la cuestión de la libertad. A pesar de que el liberalismo nace negando los derechos políticos de los individuos carentes de propiedades, sin embargo se empeña en afirmar el carácter libre de todo individuo por el mero hecho de serlo. En efecto, en el marco de la revolución inglesa del XVII, y más en concreto del debate que, en 1647, se produce en Putney en el seno del New Model Army, las posiciones liberales, representadas en aquel momento por Cromwell, a quien Locke llegará incluso a dedicar un poema, y sus seguidores, insisten en negar el derecho de sufragio a quienes carecen de propiedades. . Es decir que, mientras, por un lado, el liberalismo se afana por teorizar, de modo abstracto, la libertad individual, en lo concreto trata por todos los medios de privar de derechos políticos a la mayoría de la población.

¿Por qué, entonces, ese empeño en definir al sujeto como esencialmente libre cuando, en la práctica, se le niegan sus derechos?

¿A qué obedece esa abismal distancia entre teoría y práctica, entre ideología y realidad? Aquí es donde se puede apreciar el vínculo con la cuestión del trabajo. El liberalismo necesita de la ficción ideológica de individuos libres para convertirlos en sujetos de derecho dotados de la capacidad de vender, libremente, aquello único que, desposeídos de toda otra propiedad, poseen: su fuerza de trabajo. Es el fetichismo jurídico que acompaña al proceso de desarrollo capitalista. De ese modo, la relación capital/trabajo es presentada como la relación entre dos sujetos libres, iguales y simétricos que deciden establecer una relación contractual desde la libertad que los caracteriza. Es lo que Marx definió como la ficción del contrato y que, retomando los parámetros ideológicos de Althusser, es vivido como una característica definitoria del mercado. Intente usted negociar con la empresa el venderle su trabajo y pronto comprenderá quien fija el precio y cómo lo hace.

Por un lado, la práctica capitalista supone la enajenación del producto del trabajo. Solo en los constructos ideológicos del capital existe ese fantasmal vínculo entre trabajo y propiedad. Mario Conde, ex banquero, ex convicto y doctor honoris causa por diferentes universidades, lo sintetizó, con el cinismo que le caracteriza, en el curso de una entrevista cuando se hallaba en la cresta de la ola. A la pregunta de cómo había amasado una fortuna de tales dimensiones, contestó con aplomo: “trabajando, trabajando mucho”. Pocas cuentas son necesarias para desmontar una ecuación de tales características.
Por otro, la libertad del trabajador, su condición de sujeto de derecho, queda radicalmente cuestionada por la imperiosa necesidad en que se encuentra de vender, a cualquier precio, y la expresión es literal, su fuerza de trabajo. La asimetría social es tal entre el poseedor de los medios de producción y quien solo posee su propia fuerza de trabajo que resulta imposible colocarlos en un mismo plano por lo que a la libertad respecta. Más bien lo que se constata, en este ámbito, es la vinculación entre derecho, y, por tanto, libertad, con potencia. Los trabajadores, enajenados, desposeídos, privados de cualquier propiedad efectiva, se convierten en meros objetos en manos del capital.

Sin embargo, y debido al vínculo liberal entre ciudadanía y propiedad, el liberalismo inicial mantiene una posición ambigua con respecto a la libertad de aquellos que carecen de propiedades, a los que entiende que es posible reducir a la esclavitud. Resulta tremendamente interesante en este sentido el análisis que David Brion Davis realiza sobre la esclavitud en Europa en los albores de la Modernidad. Mientras, para la Modernidad, la figura del esclavo queda remitida por nuestro imaginario a los trabajadores negros de las plantaciones americanas, Davis subraya su presencia en las prácticas disciplinarias europeas, especialmente para hacer frente al creciente número de hombres sin dueño, resultado de la disolución de los vínculos feudales.

En Inglaterra, además, y como consecuencia de la política de apropiación privada por parte de los poderosos de los bienes comunes como bosques, tierras y pastos, son miles los hombres y mujeres privados de sus tradicionales medios de subsistencia y convertidos en vagabundos, a quienes se les imponen las penas más severas, entre ellas, también, la esclavitud. Hará falta que esté bien avanzado el siglo XVIII para que se deseche en Inglaterra la esclavitud como forma de explotación laboral y se apueste por la consideración de todo individuo como sujeto de derecho, independientemente de su relación con la propiedad. Aunque en la práctica, como venimos defendiendo, ello no suponga sino una ficción, en la que el trabajador se encuentra obligado a someterse, de modo necesario e incondicionado, al poder del capital. Es la subsunción que, necesariamente, acompaña al capital y de la que Marx habló en extenso.

En resumidas cuentas, puede decirse que el liberalismo ha sido capaz de imponer una narrativa que en nada coincide con la realidad de los hechos pero que, sin embargo, es vivida como real por la sociedad en su conjunto. La ideología, como bien argumenta Althusser, ha adquirido consistencia ontológica para convertirse en la imaginaria consolidación de nuestras prácticas sociales.

Ale, ya tenéis algo sobre lo que pensar.

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