Veganos: esa empecinada obsesión de inculcar al resto nuestras ideas

veganosMi mujer es una de esas personas que cuando vamos a comer a un asador, le pregunta al camarero si tienen brócoli. A mi solo con el olor que desprende cuando lo está cociendo, ya me dan arcadas. Pero no se me pasa por la cabeza impedirle que lo coma, ni mucho menos lanzarme en una campaña en defensa de la planta del brócoli, y en contra de los salvajes que osan cortarla de raíz para torturarlas metiéndolas en agua hirviendo.

La sociedad actual es propicia para que aparezcan grupos de tontos a las tres. Muchos años de bienestar continuados producen generaciones que se han criado con todo al alcance de la mano y en estas situaciones la sociedad tiende a adormecerse y embobarse. Un ejemplo de esto es el veganismo, que promueve la alimentación en la que se prescinde de todos los productos de origen animal. No sólo la carne, también la leche, los huevos o la miel, que en principio no implican la muerte de otros seres vivos.

A mi me da igual lo que coma cada uno. Me preocupa más cuando le imponen esa alimentación a sus hijos. Pero lo que me parece realmente mal es que traten de convencernos a los demás de que estamos equivocados con nuestra alimentación.

El hombre es un consumidor natural de carne. En nuestra boca tenemos cuatro piezas destinadas precisamente a desgarrarla, y nuestro sistema digestivo está perfectamente preparado para digerirla.

Puede que les escandalice que se mate a los cerdos con electrodos, o que se utilice una pistola que perfore el cráneo de las vacas antes de trocearla en piezas para su distribución en los supermercados. A mi me escandaliza más que siga muriendo gente en múltiples conflictos en todo el mundo.

Pues bien, el pasado sábado un grupo de estos veganos llamados “269 Life France” organizó una propuesta en París pidiendo que se retiren de la venta los productos de origen animal. En la protesta se mostraron en ropa interior manchados de sangre tumbados en el suelo, y trataron de representar el maltrato animal reproduciéndolo sobre las personas. Bandejas de supermercado con trozos de carne humana envasados (falsos, afortunadamente) y lo más llamativo de todo, marcaron con un hierro al rojo a varias personas, mujeres principalmente. ¿Se puede ser más tonto?

El vídeo es fuerte y puede que os impacte.

  • Hamlet dijo:

    Creo que en este blog hay muchos troll antagonistas.

    No, perdona, hijo: En este blog solo hay una mala persona y de los gordas: yo. Y cualquiera que te diga lo contrario miente como un bellaco. Espabila y aprende a distinguir un sólido trabajo de destrucción de calidad, ejecutado de modo eficiente y con resultados asegurados.

    El que estés escocido no me interesa y tus pataletas todavía menos, lo que de veras me molesta es que no hayas tenido ni siquiera la educación de haberme mencionado, como mala persona y en primer lugar.

    Por cierto, esto no va de la CIA. ¿lo sabes, verdad?

    Joder, vaya tropa. Ya no se respeta nada, ni se valora el esfuerzo.

  • @ Hamlet:

    Ya que te permites el lujo de criticar a los demás en una entrada que no viene a cuento, te habrás de aguantar que otros opinen de ti.
    Yo no soy @Javi ni @Lamentira, ni me envía nadie, opino libremente, (como haces tú).
    Un troll es un individuo que se dedica a desvirtuar los temas o a hacer ruido sin aportar nada, (como lo que tú estás haciendo).
    Lamentira es una persona que dedica parte de su tiempo libre, (de una forma altruista), a un blog, con el único ánimo de poder aportar algo de conocimiento a la sociedad. Y Javi, es un usuario de este y otros blogs en los que sus comentarios no pasan desapercibidos, pero, por su valor de contenido.
    Ahora hablemos de ti, tú eres un tontoelculo que no te conoce ni dios por aquí y te permites el lujo de entrar a despotricar porque estarás escocido por algún tropiezo que habrás tenido… ¡Agua y ajo!, que quiere decir, “aguantarte y a joderte”, y no vengas más aquí a cagar.


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